Proyectos realizados y acciones
Camitas

 

AAVRA - Asociación de Artistas Visuales de la República Argentina- es una organización de artistas que se ha formado con diversos fines: Generar un espacio de discusión, proponer ideas, modificar prácticas a fin de reimplantar los valores éticos como fundamento de nuestro accionar, y priorizar el arte y la cultura nacional ante las autoridades e instituciones oficiales y privadas. Es por eso que nuestro objetivo no se limita tan sólo a la defensa de nuestros intereses profesionales, sino también a tener en cuenta la situación general de país.

El proceso de AAVRA tiene sus antecedentes en algunos intentos y realizaciones en asociaciones tales como SUAP (Sindicato Único de Artistas Plásticos) actuante en los años 70, y Artistas en La Cumbre , de los 80, entre otros.

A contramarcha de la disolución en los '90, de los conflictos en las poéticas visuales; a contramarcha de ocultar nuestras “particularidades” en la bolsa homogeneizadora de la globalización, AAVRA (aún sin tener esta denominación) comienza a gestarse en la segunda mitad del 2001. Se convocaron unos pocos artistas con el fin de elaborar una imagen que diera cuenta del proceso de destrucción de la cultura y de la educación que se estaba llevando a cabo, y que culminó con la reducción de sueldos de los docentes y la amenaza de arancelamiento en las Universidades, propuesto por la Alianza gubernamental.

El episodio del 11 de septiembre y la posibilidad de guerra de los EEUU contra Afganistán, nos llevó a tener la urgente necesidad de una respuesta.

Para ello, se realizaron serigrafías, que fueron pegadas en su mayor parte en la calle Florida y que, puestas en pancartas y junto a un muy nutrido grupo de participantes, llevamos a la cancillería a fin de comunicar a las autoridades el NO A LA GUERRA.

Esto fue un elemento más que se sumó a la necesidad imperiosa de conformar un grupo, que abarcando un amplio espectro de artistas, diera cuenta de nuestras expectativas gremiales y éticas, puesto que no nos sentíamos representados, de ningún modo, por las entidades existentes.

Una serie de reuniones dio origen a la consolidación del grupo fundador de AAVRA, el cual quedó conformado inicialmente, por ocho artistas. Después de varios meses de juntarse ese pequeño grupo, y de haber convocado a algunas asambleas para ver cómo se armaba una Asociación de Artistas Visuales, nos dimos cuenta de que gran parte de ellos prefería realizar una acción conjunta que se comprometiera con la realidad, a crear comisiones e investigar la actuación de los artistas y el papel de la cultura en general.

Por lo tanto, comenzamos a pensar en cómo realizar dicha acción. El momento en que vivíamos era muy duro, y por todos lados se hablaba de la situación desastrosa de los hospitales y de la salud en nuestro país. A su vez, el dueño de un galpón lleno de viejos juguetes, había regalado más de 500 camitas de muñecas a una artista del grupo, muy elementales éstas, simples, de alambre. Parecieron ideales para realizar un trabajo solidario en conjunto y empezamos a darle forma al proyecto.

Lo hemos llamado “de acción solidaria”, aunque no está de ningún modo en la tipología de beneficencia, porque no es tan sólo solidaria con las víctimas de la catastrófica situación que vive la salud, sino también con nosotros mismos al compartir un punto de partida, un objeto único; trabajando para ello individual y grupalmente, con una actitud comprometida y abierta; revalorizando principios éticos, resolviendo problemas, descubriendo e inventando soluciones en común, aceptando nuestro espectro de diversidades ideológicas, y tratando de lograr, no sólo un objetivo económico, sino fundamentalmente profesional, social y estético en su más amplio y variado sentido.

Decidimos que esta acción tenía que tener varias puntas, dadas las condiciones del país y de nuestra ideosincracia.

Los pasos a seguir fueron: agrupar una gran cantidad de artistas y darle a cada uno una camita para que trabajaran con ella en la libertad más absoluta, esto es, sin limitarlos en el tema; no era necesario que se pensara solamente en la cama de hospital.

En realidad la única limitación fue la medida total del trabajo, 50 cm x 50 cm x 50 cm .

La adjudicación se realizaría por sorteo para darle chance a todos los participantes de ser elegidos en un plano de igualdad, y se le dio un valor de $200.- al bono que aseguraba la posesión de una camita. Se estableció esta cifra para que pudiera ser accesible al mayor número de personas.

El otro paso fue buscar el hospital que iba a recibir los insumos que compraríamos con el dinero recaudado.

Primero vimos algunos de la ciudad de Buenos Aires. Preparados para ver el desamparo, nos dimos cuenta de que el infierno podía estar más lejos. Aunque con carencias, los hospitales de la ciudad que vistamos, aún tenían apoyo solidario de algunas empresas y de particulares.

Entonces nos fuimos más lejos, no mucho, pero ya era el conurbano, La Matanza , con una población de 1.400.000 habitantes, cuyo 50 % está bajo el nivel de pobreza.

Visitamos el Paroissien. Su Director nos hizo una prolija visita guiada, y después de escuchar a los médicos y de ver la situación en la que se encontraba, resolvimos quedarnos con él y poner nuestro esfuerzo para tratar de darles una mano, teniendo también en cuenta que es un Hospital de Alta Complejidad, y absolutamente gratuito.

Nos reunimos con un grupo de médicos para hablarles claramente. Teníamos temores con respecto al lugar y a las manos a dónde podían parar las donaciones.

Aclaramos que no queríamos ser usados políticamente. Necesitábamos saber que el control ejercido por ellos nos iba a permitir estar tranquilos y tener la certeza de que todos los insumos adquiridos iban a ir a las manos de quien los necesitara.

Una vez que tuvimos la seguridad de la seriedad y transparencia con que iba a ser manejado esto, nos pusimos a trabajar.

Hicimos listas de artistas, teniendo en cuenta lo difícil de ser justos y ecuánimes, el número de las camitas nos limitaba.

A las listas iniciales fueron agregándose nombres dados por los mismos artistas invitados y de otros que deseaban participar.

La respuesta fue masiva, con algunas poquísimas excepciones.

Desde artistas con larga y sólida trayectoria a artistas con escasa, respondieron aceptando participar, deseosos de poder colaborar haciendo lo que saben hacer.

Sin un peso para afrontar semejante empresa, empezamos a buscar a quién poder entusiasmar en el proyecto.

Barajamos algunos lugares para hacer la muestra. Nos quedamos con el Centro Cultural Recoleta, por considerarlo de alguna manera nuestra casa.

Al principio nos prometieron Cronopios, pero fuimos desbancados por el Gobierno de la Ciudad que quería mostrar su trabajo del año. Lástima. Nos dieron como premio consuelo las salas 4, 5 y 6, que son muy buenas, pero el espacio resultó un poco chico.

Nuestro deseo fue que todo el trabajo se hiciera teniendo en cuenta algunos ítems, principalmente que fuera verdadero y profesional. Buscamos la excelencia dentro de las limitaciones del presupuesto.

La imprenta Latingráfica donó las invitaciones, los cupones, y una cantidad de tarjetas postales, que si bien no representan a la totalidad de los artistas (pues no todos entregaron las fotos requeridas y hubo retrasos en la impresión de algunas) ayudaron con su venta a engrosar la donación del Paroissien.

La participación del estudio de diseño CMYK nos permitió tener una unidad estética en todo papel impreso: invitaciones, cupones, catálogo y afiche.

En realidad, nuestro objetivo fue y es, demostrar y demostrarnos que en una acción en donde los artistas cubren casi todos los roles, puede tener el compromiso y la seriedad que necesitaríamos para poner a nuestro país de pie.

Después de varios meses de organización nos llegó el momento de hacer el montaje. Al carecer la Recoleta de medios para hacer una puesta ideal, tuvimos que contentarnos con lo que había; sólo compramos maderas para estantes que nos permitieron descongestionar la puesta.

Liliana Piñeiro y Álvaro Castagnino hicieron milagros y lograron armonizar lo inarmonizable.

Tantas propuestas diferentes, tantas miradas y mundos, tan distintos compromisos, tantas estéticas opuestas, estuvieron codo a codo.

A su vez, varias fotografías documentaron la realidad de lo que está sucediendo con la salud, junto con tres textos que hablan de la situación sanitaria, en la Argentina , en los hospitales y del Paroissien en particular.

El 19 de diciembre, día de recuerdo difícil, nos tuvo desde temprano en la Recoleta para poder organizar el sorteo, escribana mediante. A las 19 hs la gente hacía presión por entrar. Al abrir la puerta y dar por inaugurada la muestra, una marea humana avanzó y llenó las 3 salas. El grupo organizador pudo disfrutar poco de lo que pasaba adentro, pues el sorteo empezó temprano y el patio del aljibe se llenó rápidamente.

El clima que se respiró todo el tiempo, primero fue de sorpresa ante lo que estaba expuesto, y segundo, de alegría al poder comprobar que cada uno había hecho y estaba dando lo mejor de sí.

La venta de los cupones, en su mayoría, se hizo con anterioridad, pero el día de la inauguración se pudieron vender una gran cantidad más; después del primer sorteo se realizaron dos más y el día 14 de enero se comenzaron a entregar las camitas adjudicadas.

Hemos querido que con la acción de juntarnos, y con un módulo único, expresar una mirada, un pensamiento, una ideología, una sensación, para crear con ello un objeto que hable de nosotros y de nuestro entorno y que sirva para conseguir ayuda, ocupándonos de una situación que tendría que ser responsabilidad de un estado serio, por ahora inexistente. Ese pequeño grupo inicial se ha constituido y ha formado la primera célula de la Asociación AAVRA.

Este proyecto fue nuestra presentación en sociedad.

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